Sobre el artículo

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Ignacio Simal Camps (1954-) es Director de Cristianismo Protestante, pastor y director del Departamento de Comunicación de la Iglesia Evangélica Española. También es presidente de la Mesa de la Església Evangèlica de Catalunya. Su ministerio pastoral la desarrolla en la Església Evangèlica Betel (c/ Oriente, 28, L'Hospitalet, Barcelona), y en la Església Evangélica Sant Pau (Aragó, 51 - Barcelona).

Una Navidad sin edulcorantes

Una Navidad sin edulcorantes

“Navidad, Navidad,

hoy es Navidad,

un día de alegría y felicidad”

(Villancico Popular)

Es tiempo de Navidad. Nos deseamos lo mejor. Algunos cantamos villancicos. Otros montan el Belén o colocan el árbol de Navidad. Nuestras calles se llenan de luces, y los escaparates ponen ante nuestros ojos multitud de objetos que regalar. Las iglesias son un poco más frecuentadas por los que nos confesamos creyentes. Bien sea acudiendo a la Misa de Gallo, bien al culto de Navidad.

“Navidad, Navidad,

hoy es Navidad,

un día de alegría y felicidad”

Sin embargo, las narraciones que cuentan el nacimiento de Jesús van en otra dirección. Por ejemplo, el Evangelio según Mateo nos narra (cap. 2 –recomiendo su lectura-) que el nacimiento del que sería el profeta de Nazaret estuvo marcado por la turbación, la persecución, la sangre, el temor y la huida. Nada más, y nada menos.

“Navidad, Navidad,

hoy es Navidad,

un día de alegría y felicidad”

Es cierto que los magos ante el objetivo conseguido –conocer a Jesús y rendirle homenaje- “se regocijaron con grande gozo”. Pero esa afirmación queda empañada por el contexto que la rodea. El rey Herodes y toda Jerusalén se turbaron ante la noticia que traían los hombres venidos del Oriente (el rey de los judíos ha nacido). La noticia no provocó ningún tipo de alborozo o alegría ni en palacio, ni en la ciudad y tampoco entre la casta de sacerdotes y escribas del pueblo. Sólo generó turbación y preocupación. Probablemente, algo incómodo había acontecido.

“Navidad, Navidad,

hoy es Navidad,

un día de alegría y felicidad”

Por otra parte observamos en el relato que los Magos, una vez que han visitado a Jesús, son avisados para que no regresen al palacio de Herodes. Inmediatamente se nos informa en el Evangelio que José junto con su familia deben huir. Herodes ha decidido buscar y asesinar al niño.

“Navidad, Navidad,

hoy es Navidad,

un día de alegría y felicidad”

La alegría de los magos queda plenamente empañada cuando por el empeño de Herodes en asesinar a Jesús, y ante lo complicado de su búsqueda decide actuar de una forma brutal. Ordena el asesinato de todos los niños menores de dos años que habiten en Belén y lugares aledaños. La historia del nacimiento de Jesús queda salpicada por sangre inocente.

“Navidad, Navidad,

hoy es Navidad,

un día de alegría y felicidad”

Una vez que Herodes ha fallecido, José –junto con su familia- decide regresar a tierra de Israel. Sin embargo el miedo que sintió en aquellos días pasados sigue vivo, y no regresa a Belén, sino a Nazaret. El nacimiento de Jesús estuvo marcado por la turbación, la persecución, la sangre, la huida y el temor. Nada más, y nada menos.

“Navidad, Navidad,

hoy es Navidad,

un día de alegría y felicidad”

Podemos sentir alegría y felicidad en estos días de Navidad, ¡No está prohibido! Pero no una alegría y felicidad superficiales que se convierten en subterfugio ideal para escapar de la realidad.

Más bien al contrario, la alegría y felicidad que produce el recuerdo del nacimiento de Jesús nos da fuerzas para seguir empeñados en la construcción del reino de Dios, de un modelo de sociedad mejor que lleva por nombre “Ciudad de Salvación”.

Empeñados frente a los que se turban ante la posibilidad de que sus seguridades palaciegas se hundan. Empeñados a pesar del temor que muchas veces nos acongoja.

Empeñados frente a los que intentan acabar con los que se atreven a poner en cuestión el modelo de sociedad actual. En fin, empeñados en finiquitar un modelo de sociedad que genera miles de víctimas inocentes, y que tiene sus manos –al igual que Herodes- manchadas de sangre.

Navidad es una “historia” de subversión total frente a los poderes de este mundo. La reacción de éstos ante el nacimiento de Jesús, así lo confirma. Navidad, en el Evangelio, anticipa y prologa la historia de la pasión. La historia de aquel que murió de forma injusta por su fidelidad a la voluntad de un Dios de vida, de misericordia y justicia. En su muerte, todas las personas de buena voluntad pueden encontrar el secreto de la vida perdurable. De una vida que alcanza la consecución de la meta que desea dar sentido a sus existencias: otro mundo es posible aquí y ahora, el reino de Dios es plausible aquí y ahora.

Por todo ello cantamos,

“Navidad, Navidad,

hoy es Navidad,

un día de alegría y felicidad”

Navidad es un día de alegría y felicidad” porque nos permite afirmar que habrá un mañana en el que la voluntad de Dios –voluntad de vida- se realizará en la tierra como hoy se realiza en el cielo. Ese es nuestro empeño, y la memoria del natalicio de Jesús nos da fuerzas para perseverar en él. Seguiremos en ello.

Sobre Ignacio Simal Camps


Ignacio Simal Camps (1954-) es Director de Cristianismo Protestante, pastor y director del Departamento de Comunicación de la Iglesia Evangélica Española. También es presidente de la Mesa de la Església Evangèlica de Catalunya. Su ministerio pastoral la desarrolla en la Església Evangèlica Betel (c/ Oriente, 28, L'Hospitalet, Barcelona), y en la Església Evangélica Sant Pau (Aragó, 51 - Barcelona).

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One Response to “Una Navidad sin edulcorantes”

  1. Alcibades #

    Anarquistilla subversivo…te has dejado la parte de Lucas donde se habla de los ángeles y los pastores…de todas formas estoy de acuerdo con el texto y su esencia:en Navidad hay que ser felices sin saber por qué. Y resulta que a veces puede ser que no seamos felices en Navidad…pero sí en otros momentos del año pensando en la salvación de Dios. Un abrazo.

    10 enero 2013 at 11:05