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Gerson Amat es pastor de la Iglesia Evangélica de la Esperanza, en Valencia (IEE) y coordinador de Taller Teológico.

El camino de la educación cristiana

El camino de la educación cristiana

Una de las características de los peregrinos es que viajan, aunque uno ya no va teniendo años para moverse demasiado. La semana pasada participé, como delegado de la Iglesia Evangélica Española, en un encuentro de la EAEE, que es como se conoce de manera simplificada la “Red europea protestante y anglicana para el aprendizaje permanente”, una asociación ahora legalizada en el ámbito de la Comunidad europea y que agrupa iglesias, organismos y personas que trabajan en el ámbito de la educación de los adultos en las iglesias. Las jornadas de estudio tienen lugar cada año en un país europeo, y este año se han celebrado en Utrecht y Ámsterdam, bajo el lema “Educación cristiana entre la ‘historia’ y la ‘contemporaneidad’”.

En Utrecht pusimos de manifiesto cómo la educación cristiana, concretamente la formación de los adultos en las iglesias, también está peregrinando hacia nuevos planteamientos ante el camino que está siguiendo nuestra sociedad europea. Desde la vocación protestante a la educación, iniciada por Lutero, Calvino, y, en Holanda, la obra del checo Juan Amos Comenius, pasando por los ilustrados protestantes como Kant, hasta el momento presente, ha llovido mucho, sobre todo a partir de la Segunda guerra mundial. Los cambios sociales que han tenido lugar en Holanda, y en toda Europa, en los últimos sesenta y cinco años han influido en la educación cristiana a lo largo de diversas etapas: el restauracionismo de lo tradicional cristiano desde los años posteriores a la guerra hasta el comienzo de los 70;  la concienciación política y social hasta casi finales de siglo; y la búsqueda de un proyecto personal, hasta el momento presente.

Desde la caída del comunismo la membresía de las iglesias protestantes en Europa ha disminuido considerablemente, así como el sentido de pertenencia e identificación con las iglesias institucionales. Sin embargo, aunque la Iglesia ya no es vista como significativa para la sociedad, ha aumentado el interés personal por la religión y la espiritualidad. Las nuevas generaciones carecen de esquemas mentales que les permitan hablar de temas éticos o espirituales (aunque sea en sentido muy amplio), y han de asumir responsabilidades sin tener un marco referencial adecuado ni un lenguaje común. Por eso, los jóvenes-adultos en Europa (y las encuestas sociológicas sobre la juventud española parece que apuntan en la misma dirección), buscan una guía para su vida en comunidades acogedoras, porque necesitan de la experiencia de otros en iglesia. Para estas nuevas generaciones la fe no es cuestión de conocimiento intelectual, sino de emociones y de espiritualidad, del conocimiento que da la experiencia propia y compartida.

La nueva formación cristiana de los adultos se enfrenta a la pregunta: “¿Es esto significativo para mí-nosotros?”. Y las iglesias se enfrentan al desafío creciente de presentar la fe cristiana no como una construcción doctrinal sino como una forma de vida. Cuando también la comunicación personal, a través de la red de internet y sus nuevos instrumentos como el facebook, se ha globalizado, la educación de los adultos en las iglesias se enfrenta al triple desafío de emprender una peregrinación al lado y dentro mismo de la sociedad actual: de la simple transmisión de contenidos ha de pasar a la creación conjunta (co-creación) de capacidades para la vida; del establecimiento de fronteras y límites, a la construcción de puentes y conexiones entre las personas y los grupos; de las perspectivas y las visiones del mundo colectivas, a las búsquedas personales de sentido.

Ante este desafío, ¿qué pasa con el mensaje cristiano? ¿Cómo puede ser el evangelio vivido y expresado de manera co-creadora aprovechando las redes sociales? ¿Cómo podemos los cristianos vivir y expresar el evangelio de manera liberadora y superadora de toda clase de barreras, de forma que ayudemos a tender puentes y establecer relaciones entre las personas que se encuentran solas en nuestra sociedad? ¿Cómo podemos superar el dogmatismo para acompañar a nuestros conciudadanos en sus propias búsquedas de sentido?

En Ámsterdam nos movimos, literalmente, en el terreno de la práctica. Peregrinamos por toda la ciudad para comprobar cómo comparten la Biblia, una vez al mes, en una iglesia protestante del siglo XVI en el centro de la ciudad, un grupo de personas, algunas no creyentes, que no asisten nunca a los cultos; o para experimentar cómo una mujer solitaria, pastora de la Iglesia Reformada, trata de ayudar a jóvenes universitarios a expresar sus inquietudes y sus vivencias espirituales leyendo la Biblia y cantando cantos mientras comen y beben cerveza en el pub de la esquina, a la vista de los que pasan por la calle y del resto de los que acuden al pub; o de escuchar in situ cómo en una iglesia menonita el pastor invita de vez en cuando a predicar y a preparar el culto a alguien que no pisa nunca ninguna iglesia: un artista de teatro, un político o un empresario son invitados a predicar un domingo a partir de un texto bíblico, a cambio de escuchar en privado qué es la Biblia, quién fue Jesús, o cuál es el significado del culto cristiano y de cada una de sus partes.

En Holanda hemos compartido una misma visión de una iglesia nueva y de cómo empezar a hacerla realidad en el campo de la educación permanente en el seno de las iglesias, algo que podríamos llamar “misión en el cambio”, una dinámica de escuchar – ver – actuar en un contexto de misión común a todos los países europeos. Ya no podemos perder más tiempo en mantener y proteger las tradiciones, porque estamos abocados a aceptar los retos que se nos presentan en cada contexto en el que los cristianos hemos de vivir el evangelio. Y para ello las iglesias se plantean (algunas ya lo llevan a cabo) la co-educación en esta nueva visión de la iglesia entre todos los que sirven en ella: no sólo los pastores, los maestros de escuela dominical o los monitores de los jóvenes, sino también los miembros de los Consejos de gobierno de las iglesias a nivel local, regional o nacional. Es toda la iglesia, y todas las iglesias, las que han de cambiar de mentalidad para reconocerse como enviadas a este mundo para ser signo de la presencia salvadora y liberadora de Jesucristo.

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Gerson Amat es pastor de la Iglesia Evangélica de la Esperanza, en Valencia (IEE) y coordinador de Taller Teológico.

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